Senderos de Plata: Minas, mineros y minería en La Luz, Sangre de Cristo y San Ignacio Guanajuato

Senderos de Plata: Minas, mineros y minería en La Luz, Sangre de Cristo y San Ignacio Guanajuato

 

Por Adriana Ortega. Universidad Iberoamericana.

 

Hablar de minería es hablar de una larga historia, de tecnologías, de herramientas, arquitectura, es hablar de leyendas, de búsquedas, de economías y de mineros, pero también es hablar de comunidades con riqueza y complejidad cultural, étnica, musical, artesanal. Este espacio ha sido cuna de importantes personajes de la vida cotidiana que han moldeado de forma muy significativa a nuestro estado y a nuestro país.

 

Además de contar con grandes sitios que nos reflejan la majestuosidad de los asentamientos virreinales, San Ignacio, La Luz y Sangre de Cristo cuentan con recursos naturales y humanos que han hecho de esta zona, una de las más ricas en  el tema de la minería en la historia pasada y presente de Guanajuato.

 

Los primeros colonos en territorio guanajuatense.

 

Más de dos décadas después de que los capitanes, soldados y aliados indios de Cortés habían tomado la capital azteca de Tenochtitlan en 1521, el sueño de las grandes riquezas que podrían encontrar en algún lugar del interior de México obsesionaban a exploradores y conquistadores. Esto los movió a emprender intentos de expansión, más allá de la tierra ganada en las primeras victorias.

Hasta 1543 ningún español había efectuado alguna incursión provechosa en la zona norte. Entre las dos grandes sierras, oriental y occidental y al norte de una línea que iba de Querétaro a Guadalajara, las tierras seguían siendo un misterio para la corona española, así como durante siglos había sido imposible penetrar para los aztecas, otomíes y tarascos.

 

La consolidación y expansión de la vida colonial a lo largo de la frontera norte novohispana, fue básicamente obra de algunos ganaderos, frailes y de colonos indios. Siguiendo una conocida práctica española, a partir de 1540 el virrey Mendoza, comenzó a fortalecer la posición de los españoles radicados en la frontera mediante concesiones de encomiendas y tierras a los principales conquistadores.

 

Los favorecidos con las mercedes de tierras estaban obligados a prestar servicio militar y ayuda en tiempo de crisis. Estas condiciones hicieron de estos hombres verdaderos bastiones de empresa y defensa de la frontera.

 

En el avance hacia el norte se estableció una línea de presidios o fortalezas militares, como defensa contra el peligro indígena; por otro lado, el virrey ayudó con su protección y concesiones de tierra a los grupos chichimecas que expresaron el deseo de radicar en paz entre los españoles. Entre 1543 y 1550, se otorgaron muchas concesiones de tierra en la nueva provincia de los chichimecas. La creciente necesidad de pastos para el ganado, provocó ese temprano avance por tierras chichimecas.

 

Las primeras mercedes de tierra y encomiendas en la región, se entregaron a Hernan Pérez de Bocanegra y Córdoba, encomendero de Acámbaro y Apaseo; a Juan Infante que se estableció en la región montañosa de Comanja; a Juan de Jasso en Jilotepec, para criar ganado; a Martín Jofre más allá de Acámbaro para criar también ganado y gusanos de seda. Se concedieron estancias al obispado de Michoacán para atraer al indígena al cristianismo; a Juan de Villaseñor en la zona de Pénjamo y a un gran número de estancieros más que fueron beneficiados con el fin de fortalecer la primera etapa de avanzada hacia el norte.

 

Los españoles entraron así en territorio guanajuatense con la intención de aprovechar los valles y llanuras en la crianza de ganado bravo, como toros, vacas y ovejas. En la zona sur del estado, en zonas cercanas a Yuriria, se criaron animales de ganado menor como aves de corral, cerdos, cabras y animales de tiro como burros y mulas. Aunque algunos grupos chichimecas se opusieron a esta avanzada, estos fueron sometidas rápidamente y muchos de ellos se  replegaron al norte o se unieron a los españoles y formaron congregaciones o pueblos de indios. El territorio guanajuatense fue habitado por más españoles cada vez, que buscaban obtener la concesión de encomiendas y de mercedes de tierras para la exploración de las minas, la agricultura y  ganado.

 

Los centros mineros.

 

A fines de 1545, una pequeña banda de soldados españoles acompañada por un grupo de aliados indios y por unos cuantos frailes franciscanos, descubrió una cordillera que contenía plata. El lugar del descubrimiento fue llamado Zacatecas y este desencadenó un mayor poblamiento y todo un movimiento alrededor de la actividad minera. También se descubrieron las primeras minas en San Bernabé,  Guanajuato

 

La carrera hacia las minas de Guanajuato y Zacatecas, a partir de 1550, inició una segunda fase del desarrollo de la colonización al norte de Nueva España. La minería atrajo cada vez más a un número mayor de colonos indios y negros que trabajarían las tierras y que explotarían las minas. Se establecieron puntos claves de aprovechamiento de alimentos y artículos básicos de subsistencia para los nuevos inmigrantes, se alentó la llegada de buscones. Se formaron compañías de propietarios y operadores de minas, fundidoras, molinos de mineral y residencias para colonos y trabajadores asalariados que se trasladaron a la zona para hacerse ricos.

 

Pero el descubrimiento de las minas dejó una larga extensión de territorio no colonizado ni explorado, pues los nuevos campos mineros estaban mucho más allá de los límites de las zonas de poblaciones conquistadas e invadidas por Cortés. Entre los ranchos ganaderos de Querétaro y Michoacán y las montañas de Guanajuato y Zacatecas, había muchas tribus, rancherías y aún “naciones” de hombres de guerra.

 

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